miércoles 10 de junio de 2009

música y cuando Erik perdió su GRAN oportunidad




- Señora Pomfrey... - Kyran y Cloe sacan las cabezas por el marco de la puerta del despacho de la enfermera.

Levanta la mirada de unos informes y abre los ojos de par en par.

- ¿Qué hacéis fuera de la cama? ¡Y descalzos! ¡Vamos, fuera de aquí! - Se levanta gritando de la silla y haciendo aspavientos con las manos para que se vayan directos de nuevo a la enfermería.
- Por favor, señora Pomfrey, déjenos ponerlo, sólo un ratito... - suplica Kyran con su carita de ángel, caminando hacia atrás hablando hacia Pomfrey.
- Lo pondremos muy bajo, por favor... - ruega Cloe también.

Pomfrey, ya muy cansada que durante tres días hayan estado atosigándola con el mismo tema, cede.

- Sólo un rato y si lo escucho desde aquí, ¡ya me podréis suplicar durante siglos que no lo volveréis a ver! - Les apunta con el dedo con expresión severa. - ¡Y ahora a la cama! - Y se va de nuevo al despacho habiéndolos dejado frente la gran puerta de la enfermería.

Los dos entran y Kyran cierra la puerta tras de si. Cloe la asegura y la hechiza para que no se oiga nada desde exterior.

- ¡SEH! - Ambos chocan sus manos, muy sonrientes y triunfantes. Cloe hace aparecer el gramófono, y lo coloca sobre su mesita de noche.
- ¡Vale, va! ¿Qué ponemos? - Pregunta Kyran emocionado. - ¿Tú primero?
- Venga. - Cloe se pone a pensar entre su repertorio musical.
- Una marchosilla, ¿eh?
- Sí, sí. - Cloe frunce el entrecejo. Piensa... - ¡Ah! Ya lo sé. - Apunta la varita hacia el aparato, pensando en la canción y aparece un disco de vinilo y la música empieza a sonar.



- Oh... - Kyran sonríe y comienza a moverse. - Buenísima... yo hago la voz lenta. Va. - Se aclara la voz, espera a que comience y canta - I lost at love before... Got mad and closed the dooooor, but you said try, just once more.
- I chose you for the one, now we're having so much fun, you treated me so kind - canta Cloe bailando por la enfermería y mirando a Kyran - I'm about to lose my mind - se pone las manos en la cabeza - you made me so very happy, I'm so glad you came into my lifeeeeeeeee - alarga la última palabra. Las trompetas lo envuelven todo de jazz.
- The others were untrue, but when it came to loving you - Kyran le mira intensamente - I'd spend my whole life with you.
- 'Cause you came and you took control - Cloe mueve los hombros y cierra los ojos - you touched my very soul - Se pone la mano en el pecho. - You always showed me that loving you is where it's at, you made me so very happy, I'm so glad you came into my lifeeeeeeee - Se acerca a él y le acaricia el pijama. - Thank you, baby. Yeaaah, yeaaaaaah.
- I love you so much, you see - Kyran se arrodilla frente a Cloe con cara suplicante. - You're even in my dreams, I can hear you, babe - le coge de la mano - I can hear you callin' me, I'm so in love with you - la señala - all I ever want to do is... Thank you babe, thank you babe... - le besa en la mano sonriendo.

Y con la música de fondo se ponen a bailar moviendo los hombros rítmicamente, y mirándose fijamente, poniendo caras sensuales y morros.

- Oh, baby... - dice Cloe con voz ronca.
- Muñeca... - le mira levantando la ceja y guiñándole un ojo.



Cuando acaba la canción, Kyran apunta hacia el gramófono y la música de los 70 rodea la sala con un remolino gobernado por un bajo y una guitarra eléctrica que dan compás al comienzo de la canción.




Cloe sonríe complacida.

Las trompetas le dan paso a ella.

- Do you remember the 21st night of September? Love was changing the minds of pretenders, while chasing the clouds awaaaaaaay - canta casi en voz baja.
- Our hearts were ringing, in the key that our souls were singing. As we danced in the night, remember how the stars stole the night awaaaay... - canta Kyran haciendo un deje de voz.
- Baaaa de yaaaaa, say do you remember - Cloe sube dos tonos su voz.
- Baaaa de yaaaaa, dancing in September - Kyran hace lo mismo.
- Baaaa de yaaaaa, never was a cloudy daaaaay - Cantan juntos. - Baruru, baruru, baruru, baruru, baruru, baruru, baruru, baruru, baruru, baruru, baruraaa, yeah... My thoughts are with you holding hands with your heart to see you only blue talk and love - Cloe va haciendo vueltas en torno a Kyran - remember how we knew love was here to staaaay.
- Now December found the love that we shared in September. - Kyran corre hacia la cama más próxima. - Only blue talk and love, remember the true love we share todaaaaaaay-ay! - Kyran siente la música y termina la frase subido a la cama con los brazos alzados.
- Baaaa de yaaaaa, say do you remember - Cloe sube la voz.
- Oh, oh, yeaaah - Kyran hace la segunda voz.

Y continúan ellos dos con el ritmo frenético de la música, subidos ambos en las camas y saltando, sonriendo, gritando, olvidándose de dónde están, dejando atrás sus enfermedades, y sobre todo, arriconando los miedos que acechan el castillo.



Al acabar la canción, bajan de las camas.

- Qué desastre... - Cloe, sonriente, se pone la mano en la cabeza, respirando entrecortadamente, mientras mira las camas.
- Venga, va, ¡otra! - le pide Kyran.
- Me toca a mí, a ver... - piensa durante unos segundos y la encuentra, al fondo de su archivo musical, deseando salir a escena. - Prepárate, nene. - Con la varita, toca el gramófono y se pone de nuevo en movimiento.




- ¡UAAAAHHHHHH!¡SÍ!

Freddy Mercury canta las primeras notas... Los dos escuchan atentos. Cloe coge la sábana que cubre su cama y se la pone a modo de capa. Kyran hace lo mismo con la suya. Ella hace un conjuro para oscurecer la sala y ésta se llena de una especie de estrellas que centellean como luciérnagas al ritmo de la música.

- Esto va a molar... - susurra Kyran emocionado mirando el espectacular escenario.

- So don't stop me noooow... DON'T stop me now - Cantan los dos, excitados. - 'Cause I'm having a good time, having a good time.
- I'm a shooting star leaping through the skyyyyy, like a tiger defying the laws of gravityyyy, I'm a racing car passing by like Lady Godiva, I'm gonna go go go there's no stopping meeeeee - Cloe canta y baila con su capa improvisada por toda la habitación oscurecida y sólo iluminada por las estrellas de destellos multicolores, inyectada de rock. - I'm burning through the sky, yeah, two hundred degrees that's why they call me Mr. Fahrenheeeiiit, I'm travelling at the speed of liiiiight, I wanna make a supersonic man out of youuuuuuu - señala a Kyran.
- Don't stop me now - canta Kyran - I'm having such a good time, I'm having a ball - canta Cloe - Don't stop me noooow - le sigue Kyran - If you wanna have a good time, just give me a call - Cloe se pone la mano derecha en la oreja a modo de teléfono. - Don't stop me now, 'cause I'm having a good time, don't stop me now, yes I'm having a good time, I don't wanna stop at aaaaaaaall, yeah.
- I'm a rocket ship on my way to Maaaaaars on a collision course, I am a satellite, I'm out of control - Kyran simula tocar una guitarra - I'm a sex machine ready to reload - Mira a Cloe con ojos pícaros. - Like an atom bomb about to oh oh oh oh oh explooooode! - Cantan ambos. - I'm burning through the sky, yeah, two hundred degrees that's why they call me Mr. Fahrenheeeit, I'm travelling at the speed of liiiight, I wanna make a supersonic woman of you - Kyran señala a Cloe.

Los dos se preparan, en medio de la sala, con un foco de luz sólo para ellos, hecho con magia. Con los coros de fondo.

- Don't stop me don't stop me don't stop me.
- HEY HEY HEY! - Cloe grita.
- Don't stop me don't stop me ooh ooh ooh!
- I LIKE IT! - Kyran mueve la capa con los dos brazos mientras mira a Cloe con expresión rockera y la lengua fuera.
- Don't stop me don't stop me.
- Have a good time good time - Cantan los dos juntos, asintiendo.
- Don't stop me don't stop me.
- OOOOOOHHHHHH! - Cloe y Kyran salen corriendo hace cualquier parte para sentir la adrenalina musical que les envenena el cerebro y todo el cuerpo. Y el sonido de la guitarra eléctrica lo recorre todo, haciéndoles bailar hasta el infinito y experimentando una excitación máxima.



- I don't wanna stop at AAAAAAAALL - Los dos se estiran en el suelo, exhaustos y casi afónicos. Cloe hace una mueca de cansancio.
- Da da da daaaa, buf, no puedo más. - Cloe cierra los ojos y respira a bocanadas.
- Te has pasado... - Kyran tose intentando recuperar el aliento.
- ¡Qué tío! - Exclama ella indignada con una sonrisa en los labios. Ambos están un rato en silencio, mientras sus respiraciones se acompasan y comienzan a notar el suelo frío. Cloe tapa a Kyran y a ella misma con la sábana. Se miran. Sonríen, se entienden perfectamente.

De pronto, Kyran recuerda una cosa y la cara se le ilumina.

- El baile de Navidad - susurra. - Es de aquí nada.
- Es verdad, ya ni me acordaba... Aunque - Hace una pausa interrogante. - ¿Tú crees que nos van a dejar ir? Por cómo estamos, digo. - Y su mirada se fija en las heridas de Kyran y en sus propios moratones.
- Ni idea, no sé..., ¡pero espero que sí! Tengo muchas ganas de ir. A ver qué banda traerán este año.

Se miran el uno al otro con intensidad, como si tuvieran algo en la punta de la lengua pero sin quererlo decir. Para cortar ese instante tenso, Cloe se levanta, se acicala el pelo, hace desaparecer el hechizo de oscuridad y se va a hacer las camas. La sala se ilumina por completo de luz solar.

- ¿Por qué no lo haces con la varita? - Le pregunta Kyran desde el suelo.
- Nah, estoy acostumbrada a hacerlo así. - Kyran se queda más fascinado aún...
- Te ayudo - y éste también se pone en pie, y le echa una mano con las mantas de las camas del fondo de la enfermería. - Voy a poner algo de música de fondo, ¿vale? - Le sonríe. Con un movimiento de varita, se pone de nuevo en funcionamiento y Nat King Cole comienza a cantar.



- You are mine... Haven't I told you so? You are mine, even the angels know...

- Ésta es preciosa - murmura Cloe mientras mete una sábana en los bajos de la cama. El sonido del jazz la ablanda por completo y se deja llevar por las dulces palabras del maestro.
- ¿Quieres bailar? - Kyran le tiende la mano, ligeramente sonrojado.
- Tonto - Cloe hace una bajada de párpados espectacular, mientras sonríe abiertamente. - Claro. - Deja lo que está haciendo y se colocan en el centro de la sala.

Kyran le coge la mano derecha y pasa su otra mano por la cintura de ella, Cloe pone su mano izquierda en el hombro del chico, se acercan más y comienzan a bailar lentamente.

Se observan silenciosamente, cara frente a cara, escudriñando en sus almas, reconociendo que son muy parecidos, sí, y que el destino ha hecho que se conozcan en una de las situaciones más extrañas de la vida, pero que, al fin y al cabo, saben que el tiempo no podrá borrar las interminables noches charlando hasta altas horas de la madrugada y tampoco las partidas de gobstones explosivos riendo como hienas bajo el sol de media tarde.



- Estás muy pálido... - Ella le acaricia su hombro izquierdo mientras van a paso ligero. - ¿Seguro que quieres hacerlo ahora? Aún hay tiempo de sobras y estoy segura que te dirá que sí. - Sonríe.

Él suspira con pesadez, tiene el estómago revuelto, lleno de sensaciones que no puede organizar, siente que le arde como nunca. Casi le marea.

- Es la primera vez que se lo pido a una chica, y encima es ella. Ella. - Traga saliva.
- Tranquilo, todo saldrá bien.

Sus pasos retumban en el pasillo del tercer piso.

- Es tan especial... Tal vez debería esperar, como dices tú. Todavía tiene para días allí. - El chico se detiene y la mira con cara suplicante. Se gira hacia la dirección opuesta. - No, no puedo. Se me secará la garganta, la voz se me irá y me quedaré delante de ella sin saber qué hacer, como un auténtico imbécil. No puedo. - Comienza a caminar hacia las escaleras. Ella le observa estupefacta y con la boca medio abierta. - Y además... Sí, seguro que alguien se lo habrá pedido ya, y no quiero hacer el paripé delante de ella, no, no... Y que no, me va a rechazar, me dirá lo típico "Somos amigos" - Éste pone voz de chica. - Sé que ella no siente lo mismo por mí que yo por ella, sé que no tengo ninguna oportunidad, y que

- ¡ERIK! ¡Basta! Que no le vas a pedir en matrimonio. - Tiene los ojos fuera de sus órbitas y las manos en las sienes, en señal de asombro supremo. - Sólo es ir al Baile con ella. - Lo dice muy lentamente, haciendo pausas entre las palabras. - Por Merlín... - Respira profundamente. Coge a Erik por el codo y lo redirige hacia la dirección a la que iban. - Ahora seguimos andando hasta la enfermería, abrimos la puerta, le decimos buenos días, te pones frente a ella y se lo pides, ¿vale?
- Ah
- No, nada de ai, me da mucha vergüenza. Que estás muy nenaza últimamente con este tema. No pasa nada, es Cloe. Y en el remoto caso que no fuera contigo, va a estar en el Gran Comedor como todo el mundo y estarás con ella.
- Yo
- Ya sé que todo este ritual tiene su significado. - Nelly le vuelve a interrumpir. - Lo sé. Pero tranquilízate, no es el fin del mundo. Sé... - Intenta buscar las palabras. - Sé que es muy emocionante que ahora hayáis estrechado lazos entre vosotros, aunque haya sido en esta situación tan horrible. Es genial que ahora seais más amigos y os vayáis conociendo, y descubriéndole más cosillas, irla a ver cada día, hacerle sonreír... Sé que todo eso es fantástico y es lo que más estabas deseando en este mundo, y que el baile de Navidad es el momento culminante para besarla o pedirle para salir... Pero en el caso de que ese momento no llegara, nadie te podrá negar esa fuerza de voluntad que tienes con ella, que has sido el chico que más ha querido y adorado a Cloe. Nadie te quitará ese puesto. - Le coge de la mano y le guiña un ojo. Erik, sin pensarlo, abraza a Nelly con fuerza.
- Gracias... - Se pone erguido de nuevo. - Vale, vamos a allá, con un par. - Y los dos se dirigen hacia el acto final.



Kyran y Cloe siguen bailando, dando vueltas por toda la habitación, cegados por la hipnótica melodía de jazz que mueve sus cuerpos, cercanos el uno del otro, aunque cada uno está a años luz de la enfermería; la música les empapa la mente de momentos románticos escenificados, remotos en sus cabezas, que sólo salen a la superfície cuando escuchan ese tipo de canciones, que les ablandan el corazón y les hacen soñar con noches bajo las estrellas al lado de la persona deseada y acercamientos lentos de labios, alargando el instante de placer, como en las películas muggle antiguas.

- Se te cae la baba, Cloe. - Kyran intenta contener la risa.
- ¿Y tú qué? Que no sé si pensar que es tu varita o es que estás muy contento de verme. - Alza la ceja. Se miran y rompen en carcajadas. Se separan. Cloe se tapa la boca con la mano y Kyran, muy sonrojado, le pega en la cabeza con la almohada más cercana.
- Ja, ja, ja, ja... ji, ji, ji... Cómo te has puesto... Aiiii... - Cloe se apoya sobre una de las camas mientras ríe.


Erik intenta abrir la puerta.

- Está cerrada por dentro. - De pronto, una sensación desagradable le invade el cerebro. - ¡¡¿¿Habrá pasado algo??!! - Coge el pomo de la puerta y lo fuerza para abrirla.
- Escucha... - Nelly acerca su oreja derecha a la puerta. - Están... escuchando música. Er... no creo que les pase nada grave. - Sonríe. - Veamos cómo Cloe ha cerrado la puerta. - Saca su varita del bolsillo interior de su túnica y comienza a probar hechizos.


- Cloe... ¿Qué tienes pensado ponerte para el Baile?

- ¡Alohomora! - grita Nelly por quinta vez, pero nada, no se abre.
- Usa bombarda - propone Erik.
- ¿Estás loco? ¿Quieres que Pomfrey nos destierre de por vida?

- No lo sé aún, pero supongo que un vestido largo, de palabra de honor... Son los que más me gustan. Tal vez de tonos amarillos, o a lo mejor, verde. El año pasado fui de azul.

- ¿Qué tal si probamos con llamarlos desde aquí fuera?
- ¿Qué tal si le meto un vociferador a Cloe por el culo para que abra esta MALDITA PUERTA? - A Nelly se le hincha la vena de la frente.

- ¿Y tú, Kyran?
- Yo me pondré mi chaqueta de destellos de fénix, como cada año. Me da suerte.

- ¡CLOE! ¡ABRE LA PUERTA! - Nelly comienza a rabiar, dándole golpes a la puerta con los puños.
- Tal vez haya puesto una contraseña...? - Erik hace que a Nelly se le ilumina la cara.

- ¿Suerte? ¿Acaso la utilizas de anzuelo para chicas?


- Piensa en algo, lo que más le gusta a Cloe. Se lo decimos a la puerta, o al picaporte... y se abrirá, hemos de suponer. - Adivina Erik.
- Vale, venga. Pensemos. - Nelly dice lo primero que se le viene por la cabeza. - Piano. - Nada. - Vainilla. Merodear. Erm... ¡chocolate! ¿No? Cotillear. Zumo de calabaza. El invierno. Hogsmeade. Zonko. Pociones. Herbología. Hufflepuff. Joder..., nada.
- Déjame a mí. - Erik se inclina delante del picaporte. - Las cocinas de Hogwarts. Magdalenas. Sala de los Menesteres. Biblioteca. Quidditch. Gobstones explosivos. Leer. Escoba. Lago. Argh, no sé... - Erik se desquicia.
- Veamos... Esa mente retorcida de Cloe, ¿qué habrá podido...? Cloe Julie Whilmshire.
- ¿Julie?
- Sí, es su segundo nombre. - Erik se queda alucinado. Nelly sigue concentrada. - Probemos nombres... Nelly. Erik. Thomas. Lukas. Annie. Josh. Liam. Adam. Tracy. ¿Kyran? ¡Clarice! - La cerradura se mueve ligeramente. - ¡Sí! ¡Soy un as! - Ésta sonríe dando palmaditas.


- Algo así. - Le responde él. - Estaba pensando, Cloe, que como ninguno de los

- ¡Clarice, tiene que ser algo de Clarice! - Le grita Nelly a Erik con urgencia. - Mmmm... argh, venga, piensa...
- Yo no sé mucho de su hermana... - Erik baja la cabeza en señal de impotencia.
- Vamos a ver, concentración... Ooommmmmm... - Nelly cierra los ojos y rebusca entre la historia de Cloe y Clarice.

- ... ninguno de los dos tiene aún

- Navidad del 2016. Hospital. Papá, mamá y Michael. Fiebre de dragón. Clarice tocando el piano. Pulsera con la nota musical.

- ... aún no tenemos pareja

Entonces Nelly cae de bruces, lo tiene. Tiene la contraseña. Mira a Erik y dice con firmeza.
- El libro de la selva.

La cerradura hace el clic distintivo de cuando está abierto, y en efecto, la puerta se abre y los dos empujan las pesadas puertas para entrar. Comienzan a ver a los dos pacientes charlando cerca de la cama de Cloe. Erik sonríe. Música romántica le da un toque gracioso a lo que está a punto de ocurrir.

- ¿Te gustaría ir al Baile conmigo? - Le pregunta Kyran a Cloe tendiéndole la mano.

Cloe le mira fijamente, hacia la mano y a él, y con emoción contenida, responde.

Erik y Nelly se han quedado petrificados ante la escena, esperando también una respuesta con el corazón en un puño. Él, que sea un no rotundo, y ella, que a Erik no le duela mucho.

- Sí. Mucho. - Cloe le coge la mano, y Kyran estira de ella y le da una vuelta, muy sonrientes los dos.

Erik palidece de pronto, se le resecan los ojos y el corazón se le estruja como si alguien tratara de exprimírselo como a un trozo de naranja.

Nadie te quitará ese puesto.


Ahora tiene la extraña sensación de que ya se lo han arrebatado.

jueves 14 de mayo de 2009

la almohada manchada



Palidez. Y mucho miedo. Pero sobre todo, culpabilidad.

Es lo que refleja la cara de Lukas.

Cloe respira acompasadamente, calmándose. Ambos quieren olvidar lo que acaba de suceder, pero ninguno logra borrar la escena, que se ha quedado enganchada en sus retinas como el pegamento. Lukas le acaricia el pelo suavemente y ella cierra los ojos disfrutando de la sensación de paz que da la compasión. Un par de lágrimas caen como cascadas a ambos lados de su cara.

- Ayer por la noche me pasó lo mismo. - Confiesa desesperada. - No sabía qué hacer. Si llamar a Pomfrey, gritar, esperar a que se pasara o tratar de adivinar qué era esa sensación. Hice las cuatro cosas a la vez y me desmayé. - Mira a Lukas. Éste está ausente, totalmente aturdido, con el rostro blanquecino de largas noches sin dormir, él también llora.

El silencio explosivo irrumpe en la sala como una bomba atómica, destruyendo cualquier palabra posible para describir lo que le pasa a Cloe. Los pájaros le pian a la tarde, pero sus sonidos llegan muy a lo lejos a sus oídos.

Kyran se hace el dormido, su sonrisa se ha desvanecido.

- Le pido una tregua a lo que quiera que me esté pasando, porque no puedo más, me agota, este miedo que llevo dentro, que no sé de dónde viene, me consume, cada día más... Y no puedo. No puedo más, Lukas. - Se derrumba y se cubre la cara con la mano derecha, negando con la cabeza.

Con la voz rota, le hace la pregunta que todos le niegan.

- ¿Qué me pasó? - Se incorpora en la cama y Lukas sale de su ensimismamiento, centrándose en la mirada inocente de ella.
- Yo... No sé có
- ¿Qué haces aquí? - Escupe Erik, en la puerta de la enfermería.

Lukas le mira con asombro, pero sus ojos se dan cuenta del tono despectivo y lo entiende.

- Sólo he venido a verla. Quería discul
- ¿Disculparte? No creo que sea suficiente, Blake. ¿No te has dado cuenta de dónde ha llegado tu juego? Por tu puta culpa - gruñe - Cloe está así. - Le tiembla la voz, las manos y el cuerpo entero, y el corazón. - Con la tontería de jugar a detectives, has hecho que ese vampiro - hace una pausa y baja un poco el tono - atacara a Cloe. - No la mira, pero sabe que Cloe tiene los ojos muy abiertos, absorviendo la información, quedándose perpleja ante la verdad, una verdad que lleva esperando cuatro días, y le llega tan de sorpresa que le cuesta respirar y pone una mano sobre su pecho.

- ¡Cloe! - Se alarma Nelly, y va hacia la cama y le pasa un brazo sobre sus hombros.
- ¿Lo ves? Todo esta mierda es por tu culpa. Así que aléjate de ella. - Sus ojos irradian una ira difícil de describir.
- Yo... - No sabe por dónde empezar. Y se dirige a Cloe. - Lo siento muchísimo, yo no... No pretendía que pasara todo esto, perdóname, Cloe. Siento mucho haberlo jodido todo y haberte metido en todo esto. Yo no... - Lágrimas como lagos invaden sus ojos y cae abatido al lado de su cama, cogiéndole las manos y poniéndoselas en la frente. - Perdóname... - Susurra. Cloe le abraza muy fuerte y le murmura en el oído un "No pasa nada. Ya está."






Cloe, con la verdad en su mano pero con el pánico en el corazón, intenta serenarse y centrarse en la nueva información. Ataque, vampiro. Lo que le había dicho Kyran. Era cierto, no lo había soñado.

- Alcánzame las muletas, Nelly. - Le pide Cloe.
- ¿Muletas? - Pregunta Thomas extrañado.
- No me gustan las pociones medicinales.
- No le gustan las pociones medicinales. - Dicen Cloe y Nelly a la vez. Sonríen.

Nelly le ayuda a levantarse de la cama, sujetándole por el brazo derecho y Cloe apoyándose con la muleta izquierda. Una vez de pie, comienza a andar por la enfermería. Thomas y Erik se apartan de su paso.

- Quiero saber qué pasó, y lo quiero saber ya. - Cloe está de espaldas, mira la estufa para no mirarles a los ojos.
- No lo sabemos. - Confiesa Nelly por fin. - Es cierto. Cuando te vimos allí tendida en el suelo... - Cuánto más lo recuerda, más daño le hace. Hace una pausa necesaria. - Toda cubierta de sangre, ya fue demasiado tarde. Nadie vio nada, nadie sabe nada. Es como si no
- No hubiera pasado. - Susurra Erik acabando la frase.
- La gente hace correr el rumor que es el vampiro, o una paliza. - Nelly lo dice casi con asco hacia esa gente tan estúpida y ansiosa de la morbosidad del asunto. - Pero no hay ni mordeduras ni golpes. Sólo los rasguños en la frente y en tus piernas.
- Todos sabemos que ha sido el vampiro. - Sentencia Cloe, tenebrosa. Se gira y mira directamente a Lukas con una mirada cómplice. - Se ha querido vengar. Me ha dado un toque. - Lo dice con voz casi divertida, y vuelve a mirar al vacío - Pero lo peor de todo es que no recuerdo nada, sólo cuando salí de la biblioteca. Y no entiendo porqué. Lo único que consigo ver... Me persigue todo el tiempo, tengo la extraña sensación de conocer... Eh, no sé cómo explicarlo. Me sigue... una sombra, una presencia. Es como si estuviera mirándome todo el tiempo, observándome desde la esquina, sonriendo, no sé, me da escalofríos. Supongo que debe ser del shock...

Todos intercambian miradas, inquietos. No saben qué decir.

Thomas les mira, con una sonrisa muy poco convincente y dispuesto a quitarle hierro al asunto.
- Venga, vamos. Eso debe ser las pociones que te chuta Pomfrey cuando duermes. - Se intenta reír. - Lo que importa ahora es que estás bien, te estás recuperando y tienes que cuidarte al máximo. Que te estás saltando muchas clases, ¡campanera! - Thomas se ha acercado a ella y le ha abrazado con el brazo izquierdo. - Además, no te querrás perder el próximo partido de quidditch, ¿no?
- Ostias, ¡es la final ya! - Cloe por unos momentos borra de su mente a la sombra. Erik suspira con pesadez. - ¿El lunes jugásteis, verdad? Mierda, ¡me lo perdíiiii! ¿Qué tal fue? - Pregunta ansiosa.
- ¡Ganamos! Lo siento, pero nos comimos a Hufflepuff con patatas. Le metimos una a Fil

La conversación se pierde en los oídos de Lukas. Mientras Nelly, Cloe, Thomas y Erik se sientan en la cama más cercana para escuchar el apasionado relato, Lukas se acerca a la almohada de Cloe. Está manchada. Manchada de sangre. Una sangre negruzca. Una pequeña mancha. Justo en el centro de la tela blanca. Recuerda. Recuerda el gesto de Cloe, tocándose la nuca.

Su corazón se agita y palpita con fuerza. La imagen de Johnny desnudo, haciéndole la autopsia sobre una mesa metálica de acero tan frío como su piel, y los dos pequeños orificios en la nuca, justo en el nacimiento del cabello. Casi imperceptibles, pero a Lukas se le quedaron grabados a fuego lento en la memoria. La marca del vampiro, su firma maldita. Suspira con pesar, y de nuevo, una oleada de rabia le recorre cada resquicio de la piel, erizándola. ¿Qué tipo de sed puede llevar a hacer la barbaridad que le hicieron a Johnny, y a aquella chica de Hufflepuff, y ahora a Cloe? ¿Qué clase de diviertimiento necesita para satisfacerle del todo? ¿Por qué lo necesita? Pero sobre todo...

¿Qué le ocurrió a ese ser para querer vengarse del mundo de ese modo?

viernes 8 de mayo de 2009

sin recuerdos no se puede ver




- Se ha despertado. - Nelly asalta, entre lágrimas y sonriendo, de pronto a Erik, que junto con Thomas, Josh y Liam acaban de salir de Pociones. Los cuatro, boquiabiertos, y Nelly corren hacia la enfermería.

A Erik le invade una sensación de adrenalina y sorpresa, que le calienta el cerebro y le agita el corazón. Corre hacia la meta, hacia esos ojos miel que tanto añora, corre para ver, creer y vivir de nuevo.


Al cabo de unos minutos, exhaustos tras la rápida subida al tercer piso desde el Vestíbulo, Nelly abre la puerta lentamente. Los chicos le siguen detrás, y se encuentran con una enfermería iluminada con un sol resplandeciente, casi olvidado por los días de tormenta. Cloe está riendo sentada en la cama de Kyran. Juegan a los gobstones explosivos y charlan, se la ve muy feliz. Ha recuperado el color en la cara, ahora con las mejillas levemente sonrosadas, y aún con las vendas en la frente y en las piernas. Sonríe como nunca, esa sonrisa que consigue derretir cualquier corazón en segundos. Nelly y Erik se quedan observando esa escena, de complicidad entre dos personas y la recuperación de ese ser tan preciado para ambos, que al fin ha vuelto a ver la luz tras tres días de oscuridad.

- ¡Eres un tramposo! - ríe Cloe con cara sorprendida.
- ¿Estás flipando o qué? No había vis - Kyran nota la presencia de personas en la sala y se gira para mirarlos. Cloe percibe ese gesto y hace lo mismo. Se le corta la respiración de pronto. Necesita unos segundos para asimilar que estén allí. Tiene la sensación de que hacía años que no los veía y ya les echaba mucho de menos. Se le humedecen los ojos. Mira a Nelly, luego a Thomas, que está a su lado, a Josh, a Liam, que le sonríe, y a Erik, que está tan petrificado como ella. Se levanta de la cama y va corriendo hacia Nelly, llorando.

Durante el trayecto, recuerda la pelea.

- ¡Eh! Mírame. No te escondas de la verdad. No hagas como si esto no fuera contigo. ¡No puedes anclarte en un pasado que ni siquiera tú puedes cambiar!
- ¡Tú no sabes nada de mí!


Todo lo que se gritaron y todas verdades que se dijeron. Que le dijeron, que le dijo Nelly durante aquellos interminables minutos bajo la lluvia...


Nelly alcanza esa distancia entre ellas y se abrazan tan fuerte que nadie podrá separarlas nunca más.

- Lo siento... - le susurra Cloe entre sollozos. - Lo siento muchísimo. - Y le agarra con más fuerza.
- Yo también lo siento... Estoy tan contenta que por fin estés bien... - Nelly hunde la cara en el cabello de Cloe. - Perdóname por lo que te dije. - Se deshacen de ese abrazo casi eterno, ambas con lágrimas y sonriendo la una a la otra. Por fin se han liberado de esa culpabilidad que iban arrastrando durante tantos días. - ¿No me vas a presentar a tu noviete? - le dice picarona, secándose las lágrimas.
- ¿Estás atontada o qué? - le murmura con furia.
- Hola, me llamo Nelly. - se presenta ella misma, tendiéndole la mano a Kyran, muy sonriente.
- Hola, encantado. Yo soy Kyran. Vosotros debéis ser los amigos de los que tanto habla Cloe. - Mira a Thomas, Erik, Josh y Liam entusiasmado y con una sonrisa tan brillante como el sol que cosquillea el pelo de Cloe. Kyran tiende la mano a los chicos y ellos responden al saludo.
- ¿Qué tal te encuentras, Cloe? - le pregunta Thomas después de que ella le diera un beso en la mejilla.
- Bien, mucho mejor. Sólo tengo algunos rasguños - señala las vendas - pero por lo demás bien. Aunque... - mira a Erik y a Nelly, ambos con rostros preocupados - no consigo recordar nada.

Todos se miran entre ellos y bajan las miradas o miran a otro lado.

- ¿Qué pasó? - pregunta Cloe con tanta intensidad que les deja sin aliento.
- Se acabó la visita. Vamos. Los enfermos necesitan descansar. - Les riñe Pomfrey haciendo aspavientos. - Luego a la tarde podréis volver.
- Pero, señora Pomfrey... - empieza a hablar Liam.
- Nada de peros, Liam. Tú lo sabes mejor que nadie. Más tarde podréis venir a verlos, ahora a clase. - Y se va con las sábanas que tiene bajo el brazo para lavarlas.
- Nos vemos luego entonces. - Dice Nelly con tristeza. Le da otro abrazo fuerte. - Adiós. Adiós, Kyran.
- Adiós, encantado de haberos conocido.
- Adiós, Cloe. ¡Cuídate! - se despiden Josh y Liam con un beso.
- Qué pesadita se pone Pomfrey a veces, joder. - Murmura procurando que ella no le haya oído. - Bueno, luego venimos. - le guiña un ojo Thomas apretándote con cariño la mano.
- Adiós, Cloe. - Casi susurra Erik, con una leve sonrisa, y se gira hacia la salida.
- ¡Erik! - Le coje la muñeca. Se miran durante un largo instante. Erik se pierde en esos ojos que ni se percata que Cloe está a unos centímetros de él. - Gracias por venir a verme. - Y le da un beso en la mejilla. Sus labios tibios le cosquillean el corazón y crean una explosión monumental por todo el cuerpo. Ella le sonríe con esa bajada de párpados que le vuelve loco. - Hasta luego.


Erik no sabe cómo ha salido de la enfermería, pero sí sabe que el calor de un beso vale más que la satisfacción por haber alcanzado las estrellas.






Hogwarts se encuentra con un sol somnoliento tras la comida. Los alumnos aprovechan el bonito día para descansar bajo la sombra de algún árbol mientras disfrutan del viento fresco de la tarde.

Kyran duerme plácidamente por los efectos casi anestesiantes de la pomada contra la belladona. De nuevo, su sonrisa persistente en su cara angelical.


Cloe le mira, sonríe y sigue con su lectura. Adora las tardes después de comer, cuando todo queda en silencio y parece que las horas pasen tan lentas que te dan ganas de perderte en ellas durante siglos. Se estira y mueve el cuello a los lados para aligerar la molestia de estar casi todo el día en la cama. Un leve pinchazo en la nuca le sorprende y le deja sin respiración durante unos instantes. Se asusta y abre los ojos al máximo. Un abrazo constrictor le oprime el pecho hasta que se le saltan las lágrimas, apenas puede respirar, le invade el frío sentimiento del pánico... pero antes de caer en la inconsciencia llega la ayuda.

- ¡Cloe! ¡Cloe! ¡¿Estás bien?! ¡Reacciona! - Lukas la agita con fuerza hasta que consigue que los ojos en blanco de Cloe vuelvan en sí.

Cloe se queda con la mirada fija en la nada. Está ida, pero el dolor de la nuca ha desaparecido, como si no hubiera existido. A lo lejos, casi imperceptible, puede escuchar una lúgrube carcajada...


Como si no pudiera mantener el equilibro de sí misma, Cloe agarra a Lukas de la túnica con tanta fuerza que rompe los botones de ésta. Lukas se asusta ante esa reacción.

- Lukas... - le susurra desde las tinieblas de su cerebro, muy cerca de sus labios. - ¿Qué me está pasando? - Y ahora le mira con tanta intensidad y miedo, que incluso Lukas siente terror ante la desconocida respuesta.

domingo 22 de marzo de 2009

en la enfermería





Abre los ojos de golpe. Respira profundamente. Aún puede oír restos de notas de piano... Clarice... Se siente desorientada. Su visión es borrosa. No lleva las gafas. ¿Dónde están? Se desespera, porque sin sus gafas se siente desnuda ante todo. Cree reconocer las paredes de donde se encuentra. Está estirada sobre una cama mullida. Le tiemblan un poco las manos. Intenta girar un poco el cuello para ver algo más y distinguir el lugar, pero tiene el cuello tenso, siente leves pinchazos en la nuca. Hace una mueca. Cierra los ojos, concentrándose, tranquilizándose ante aquella parálisis que se ha apoderado de todo su cuerpo. Respira hondo y nota pinceladas de alcohol y poción crece-huesos. La enfermería. Frunce el entrecejo. ¿Qué hace en la enfermería? Hay una ventana abierta, siente el aire fresco rozar su cara. No hace frío. Oye un ruído. El pasar páginas de un libro y el crepitar de una vela. No está sola, pero sigue sin poder moverse. Suspira con pesadez. Comienza moviendo los dedos de los pies e intentando despertar sus piernas, puede, pero muy lentamente. Es como si sus miembros no hicieran caso de las órdenes cerebrales que envía con insistencia. Se cansa y se entristece.


Al cabo de una media hora, decide rendirse. Una pequeña capa de sudor cubre su frente, y respira entrecortadamente. Cierra los ojos de nuevo y piensa el porqué de este bloqueo. No logra recordar nada. Sólo las últimas cosas que hizo: salir de la biblioteca y dejar a Lukas allí con sus pensamientos... Luego, ¿qué hizo? Intenta recordar a dónde fue luego, pero nada. Cero. Blanco absoluto.




- ¿Quieres que te ayude? - le dice una voz susurrante. Se asusta y da un respingo. No puede ver quién es, pero intuye que es la persona que está en la misma sala con ella. Sin saber cómo moverse por sí sola, cede a la ayuda.
- Sí, por favor. - y el chico le coge de un brazo, pasando el otro por la espalda de Cloe e incorporándola lentamente. Cloe se queja, es un dolor extraño y punzante. Cuando al fin logra tener la espalda recta, le pide lo que más necesita. - ¿Me pasas mis gafas, por favor? - Él se las alcanza, ella las coge, se las pone y todo cobra sentido de inmediato. Es de noche, hay luna llena, y aunque las nubes compactas de los últimos días no dejaban ver el cielo, ahora inusualmente, la luna se ve con un resplendor único, aún habiendo restos de nubes débiles. La enfermería está como siempre, con sus dos hileras de camas, una mesita de noche para cada una, los biombos verdes para separar las camas individuales, las lámparas de aceite, y el olor a pociones medicinales. Los enormes y alargados ventanales rodean toda la estancia, dejando pasar la luz brillante a través de sus finos cristales, y la gran lámpara que cuelga del techo, como una araña, ilumina con sus seis candiles, ahora apagados.
Sólo hay una cama deshecha y una lámpara encendida, y es la del chico que tiene enfrente. Trata de recordar su cara por Hogwarts, pero no lo logra.

- Gracias. - Sonríe levemente y un poco sonrojada.
- De nada. - Y él sí que sonríe abiertamente con su cara casi angelical. - ¿Quieres que te ayude a levantarte? - Cloe niega con la cabeza.
- Voy a intentarlo yo.
- De acuerdo. - le vuelve a sonreír y se va a su cama de nuevo. - No puedo estar mucho rato fuera de la cama, si Pomfrey me pilla, me la armará. - Cloe frunce el entrecejo. - Tengo varios sarpullidos que me hice diseccionando una planta.
- A ver - y Cloe trata de levantarse de golpe y el mundo comienza a dar vueltas repentinamente, como si estuviera dentro del laberinto de una aparición.
- ¡¿Estás bien?! - va corriendo hacia ella, que se caído hacia atrás y casi se golpea con la cabecera de la cama. - Déjame... - y la incorpora de nuevo, y le ayuda a levantarse. Primero un pie sobre el frío suelo de piedra, luego el izquierdo. El chico se pone delante suyo, como si la abrazara, y con ambos brazos la impulsa hacia arriba alzarla del todo. Mientras tanto, Cloe exclama un grito de dolor que le recorre toda la columna vertebral, pero que cuando consigue estar erguida del todo, empieza a disminuir. Suspira y respira hondo. - ¿Mejor?
- Sí... - susurra Cloe. - Gracias, te debo una.
- Tranquila. ¿Cómo te llamas? - Ambos están muy cerca el uno del otro, casi se rozan la nariz y se sonrojan de pronto. - Yo, Kyran.
- Cloe. - Le da vergüenza mirarle sus ojos marrones por esa proximidad tan cercana.
- Er... Venga, Cloe, vamos a caminar un poco, ¿vale?, y te enseño mi cama. - se ríe y se separa un poco de ella, sólo cogiéndola de las manos y guiándola hacia delante.

Si alguien les hubiera observado en ese momento, parecería que Kyran estuviera enseñando a caminar a un bebé.

- Parezco tonta caminando así - se autorecrimina Cloe riendo. - Por cierto, tu cara no me suena. - Le confiesa.
- Ni a mí la tuya. Yo soy de Hufflepuff, estoy en sexto. ¿Y tú?
- Venga ya. ¿De Hufflepuff? Yo también soy de Hufflepuff. Es imposible que nunca nos hayamos cruzado. - Expresa con sorpresa con la boca abierta.
- ¿En serio? - alzando las cejas. - Joder, ¡qué fuerte! Y yo que pensaba que me conocía a toda la Sala Común... - sonríe. - Casi estamos, va. Unos pasos más. - Mira hacia el suelo y a Cloe. - Muy bien. - Cloe hace avances y comienza a notar más movilidad en sus extremidades, sintiéndose más segura. - ¡Y aquí estamos! - Y le regala una sonrisa preciosa. Kyran se sienta en su cama, algo fatigado y hace un amago de rascarse un sarpullido que tiene el brazo izquierdo.
- No lo hagas. - Kyran se detiene. Cloe avanza una mano hacia su brazo, dubitativa, mirándole a los ojos y al brazo, intermitentemente. Él hace una señal de conformidad, y ella comienza a subir la manga del pijama para verle la herida vendada. La destapa y observa un sarpullido negro azabache con pequeños lunares de color lila chillón.
- No tiene muy buena pinta, ¿eh? - se aparta la gran mecha rubia que le estorba en la cara con un movimiento de cabeza.
- Belladona. Hay que tener mucho cuidado con ella. - Cloe observa la herida casi fascinada. Al igual que Kyran, sorprendido por la delicadeza con la que coge su brazo y por el gran interés que le presta. Se sonroja. - Tuviste que haberte puesto los guantes largos de dragón y el traje especial con piel de escreguto.
- Pues suerte que no me salpicó en la cara... En cambio, lo demás... - Se miró su cuerpo con pena. Tenía vendas por casi todos sitios: el pecho, los brazos, el cuello, las piernas, la barriga.

Cloe le pone una venda nueva, con sumo cuidado, y se acerca a la ventana que está al lado de la cama. Kyran se baja la manga y se pasa la mano por el cogote, sumergiéndola en su cabello oscuro. Un pequeño lunar al lado del labio decora su cara angelical.

- Cloe, hace frío, mejor ponte algo encima. - Kyran le ofrece una manta y Cloe se la pone por encima. Sólo cubre su cuerpo un camisón rosa de algodón. Se sienta en el alféizar. Él coge su bloc de dibujo, un lápiz y se pone a dibujar.

Cloe intenta recordar. Se siente vacía. Hogwarts está brillante, con la luz plateada de la luna llena, que alumbra el castillo y los Terrenos. Es asombrosa, adictiva a la vista, no puede dejar de mirarla. ¿Qué ha pasado? Es casi como si se lo preguntara a la luna.
Baja la mirada, y la imagen de sus amigos le viene la cabeza. Nelly, Lukas, Erik, Thomas, ...


Tras un rato divagando por los recuerdos de su mente, Cloe se acerca a Kyran.

- ¿Puedo? - pide permiso señalando al vaso de agua que hay en la mesita de noche.
- Sí, claro. - Kyran aparta la mirada de bloc, lleno de paisaje, ninfas y flores, y le sonríe. Ella se la devuelve.

Se crea un silencio entre ellos, Kyran quiere decirle algo, pero no quiere herirle ni inmiscuirse en sus asuntos..., pero tiene la necesidad de preguntarle el cómo.

- Has estado tres días durmiendo.

Cloe deja de beber y le mira muy fijamente, totalmente sorprendida.

- ¿Tanto tiempo? - No logra entender. - ¿Qué ha pasado?
- Te atacó.



Nelly llora en su cama, desconsolada, necesitando urgentemente el abrazo de la persona a la que teme perder. Cloe lleva tres días sin dar señales de vida, y Pomfrey dice que está empeorando cada vez más. Llora y agarra con fuerza las sábanas para ahogar los gritos de furia.


Erik está sentado cerca de la ventana, abrazado con una manta, apoyada su cabeza en la pared y con la mirada perdida por los Terrenos, ausente, deprimido, hueco, solo, muerto por dentro.


Una toalla le rodea el cuello. Tiene los codos contra la ventana y las manos cubriéndole la frente. Aún no puede concebir la idea de que Cloe está a punto de morir.

- ¿Qué he hecho? - se pregunta Lukas.




Una sombra negra como la noche más tenebrosa acecha al lado de la cama de Cloe.

lunes 9 de marzo de 2009

negrooscurocasimuerte

El sonido de una snitch revoloteando hace eco en su cabeza. Es casi insoportable. Desea estamparla contra la pared y cesar ese ruido infernal.

Todo está oscuro. Abre bien los ojos con la intención de ver algo entre esa oscuridad densa que la embuelve. Pero no percibe nada, salvo ese aleteo y la negrura del lugar donde se encuentra. No siente ni frío ni calor. No siente sed ni hambre. No siente ni cansancio ni excitación. Un sabor amargo, metálico, casi pastoso invade su boca, algo se le remueve en el estómago, y vomita. Cae de bruces, y se medio incorpora apoyando su peso con los brazos extendidos contra suelo. No puede ver qué es, pero cae en la cuenta que está vomitando sangre. Casi se ahoga, esa horrible sensación de no poder respirar, ni por la nariz ni por la boca, mientras expulsas tu mal de dentro.

De pronto, alguien coge la snitch. Distingue ese leve sonido de contacto con el cuero, con la protección que llevan los buscadores en las manos. Un golpe seco y limpio. Se siente aliviada. Ahora sólo se oye el silencio. Largo y extraño, como nunca lo había escuchado.
Una luz, muy lejos de donde está ella, comienza a acercarse. Está tan lejos, que ni siquiera sus ojos logra verla con precisión. Una sensación de agobio y compresión en el pecho le asalta, sin previo aviso. Conoce muy bien esa emoción, le pasa cuando llora en silencio. Pero ahora no está llorando...




Algo cae a su lado, desplomado, caído del cielo, del techo o de cualquier rincón tenebroso de la habitación donde está. Grita, sobresaltada, segundos después que haya caído, como un efecto retardado. Su voz suena diferente, más grave, como si los años hubieran hecho mella en ella y tuviera unos 50 años. Madura y altiva. Se toca los labios, la cara, los brazos, su cuerpo cubierto con un camisón, pero tiene la apariencia de cómo es, una chica de 17 años. Como un instinto reflejo, decide tocar la cosa que tiene a su lado, con la mano temblorosa. El primer contacto le hace retroceder, pero le da una segunda oportunidad y nota la textura de una prenda de vestir, una capa, tal vez. Una túnica, tiene la textura de cualquier túnica de Hogwarts. Sigue tocando, hacia la derecha, y las yemas de los dedos distinguen un brazo, una mano y un mechón de cabello. Los miembros están helados, casi gélidos, aunque no rígidos. Frunce el entrecejo. El cabello es ondulado, suave pero enmarañado.

La cara de aquella persona está húmeda... Examina el tacto de la sustancia que cubre el rostro, oliéndolo, y es sangre. Con las palmas de las manos, palpa que tiene los ojos y la boca abiertos, no hay aliento ni respiración alguna, aunque Cloe se acerca a su pecho para intentar escuchar algún latido. Nada. La chica está muerta, fría y hueca por dentro. Siente lástima. Pero, ¿qué hace allí con ella? Un leve destello aparece ante ella, por una milésima de segundo, como una estrella fugaz, en la muñeca derecha. Se acerca y toca. Una pulsera. Con una nota musical colgando.

No...

Unas notas de piano retumban en la sala. Las escucha atentamente. Y aquella luz se va acercando más a Cloe. Y un latido fuerte y violento le sacude el pecho. Es ella, ese cuerpo frío. ¿Qué ha pasado? Miles de imágenes se proyectan en las cuatro paredes de lo que parece ser un cubo blanco y alto. Lo examina alucinada y con los ojos abiertos.

Aparece ella con Clarice, sus padres y Michael, en el día de su onceavo cumpleaños.
Clarice en el comedor de casa tocando el piano.
La selección de las Casas.
Ella cenando sola en el Gran Comedor.
Ella y Lukas paseando por los Terrenos, riendo, en tercero.
Ella y Nelly charlando en el tren.
Ella bañándose, en cuarto, en el Lago Negro, en primavera.
Ella y Erik en la Sala de los Menesteres.
Ella merodeando por Hogwarts.
Ella haciendo los deberes en la biblioteca.
Ella enrollándose con Paul en una clase vacía.
Ella limpiando pizarras como castigo de Filch.
Los ojos de Johnny inyectados en sangre.
El cuerpo de Julianne con su expresión fantasmagórica.

Clarice, de pronto, aparece tocando en su piano blanco, cerca de ella.

Sin darse cuenta, Cloe está llorando de nuevo.

- Clarice... - la llama con voz ahogada extendiendo la mano para poder alcanzarla.
- ¿Qué haces aquí? - le pregunta sin mirarla.
- No lo sé... - llora Cloe, volviéndose a fijar en las paredes.

Las imágenes van más deprisa, visualizando toda una vida de buenos y malos momentos, un fracaso tras otro, la tristeza que acompaña su día a día, la monotonía que abraza su existencia, pero, de repente, una imagen parece haberse atascado. Cloe exhala un chillido aterrador, llevándose las manos a la boca, negando con la cabeza, tan sorprendida y estupefacta que no se percata que su hermana está a su lado. Y la música sigue sonando dentro de su cabeza, aunque se nota los oídos tapados.

- Cloe, Cloe, ¡mírame! - le grita Clarice, cogiéndola de la barbilla. Cloe, hipnotizada por su imagen muerta, parpadea, con lágrimas en los ojos, y la mira. - No puedes cambiar todo lo que ha pasado, pero debes encontrar el camino para salir de esta oscuridad. - le sonríe y Cloe la observa de hito a hito.

Una figura negra emerge en el cubo, detrás de Cloe. Desprende una sensación tan escalofriante y tenebrosa que le pone los vellos de punta, y le produce un nudo en la garganta.

- No la mires... - le susurra Clarice al oído. - Sal de aquí... No la mires... Recuerda nuestra canción...




Una última nota suena en la inmensidad de aquella sala, con la mente en blanco, dejando atrás a la figura negra de cabellos rubios y sonrisa escarlata que la observa mientras se marcha.




Respira.

domingo 1 de marzo de 2009

GRITA







Erik cierra los ojos con fuerza, intentando de alguna manera serenarse y pensar con claridad. La echa de menos, necesita verla, necesita olerla. Se tapa la cara con una mano. Lukas le observa con atención. Exhala abatido y mira a Nelly, pero atisba una cara conocida a lo lejos. Adam. Y va hacia él, con urgencia, junto a Nelly, dejando atrás a un Lukas preocupado.

- Adam, ¿has visto a Cloe?
- Sí, sí. Hace nada que la he visto salir de la biblioteca. ¿Por? - señalando hacia la puerta y sonriendo.

Nelly se acerca a la ventana por pura inercia, sabe que está allí, junto al lago, uno de sus lugares preferidos. Esboza una sonrisa, Erik en seguida se fija en ella y lo entiende. Ambos se asoman.

Pero ya no hay nadie. Sus corazones laten rápido, demasiado rápido para comprender lo que les quieren decir. La boca seca les sorprende de pronto, se miran de nuevo y asienten.

- Ey, Nelly, ¿qué pasa? - dice casi gritando Lukas.
- ¡SSSSHHHH! - pronuncian molestos todos los que están allí.

Pero Nelly y Erik se dirigen ya a prisa a buscarla.


Deciden buscar por los diferentes pisos de Hogwarts. Conociendo a Cloe, puede estar paseando tanto por el séptimo piso como por los terrenos, o haber cogido la escoba o estar ordenando su baúl en su Sala Común, o en el Gran Comedor, o charlando con el Fraile Gordo, o cualquiera de las cosas que hace habitualmente.


Habiendo bajado hasta el primer piso, Erik observa a una chica alta, con el cabello lacio y oscuro, que sale del lavabo de chicas y se detiene ante ella.

- Perdona, ¿has visto a Cloe? Cloe Whilmshire. - Le pregunta Erik a Mia Cloud, de su misma casa.
- Eh... ¡ah! - recordando - No, lo siento.
- Gracias.



Erik y Nelly continuan buscando. Maldita sea, es la hora del almuerzo y todo el mundo sale de golpe de sus clases, Defensa Contra las Artes Oscuras, Historia de la Magia, Pociones, Transformaciones..., y los pasillos se llenan de murmullos, conversaciones, risas y quejas por los deberes. Ambos escanean toda cara parecida a la de Cloe.

Erik se desespera.

- ¿La ves?
- No... - dice Nelly alargando el cuello hacia arriba entre la multitud.

De pronto, ve a una de sus compañeras de habitación saliendo de Estudios Muggles.

- ¡Ashley! ¡Ashley! - grita intentando atraer su atención. Hasta que ésta por fin se gira buscando quién la llama.
- ¿Sí? Ah, hola Nelly. ¿Qué tal?
- Bien. - sonríe rápido. - Oye, ¿has visto a Cloe?
- ¿A Cloe? Pues no. No desde esta mañana.
- Vale, gracias. Nos vemos.

- Será mejor que subamos al segundo piso. - propone Nelly girándose hacia Erik.
- Allí no hay nada, sólo el lavabo de Myrtle la Llorona y el despacho de Kittebridge. - pronuncia desolado.

Nelly le observa, toda esa pena con la que carga, casi lloroso.

- Tranquilo, la encontraremos. - intenta tranquilizar Nelly a Erik, tras ver su cara de extrema angustia, dándole la mano.
- Sí...
- ¡Ya sé! Vamos a las cocinas de los elfos, seguro que está allí. - propone medio sonriente.
- Pero..., pero si eso está prohibido. Los alumnos no pueden entrar allí. - dice sorprendido.
- Pues entonces es que no conoces a Cloe. - Le sonríe abiertamente y se dirigen hacia allí apresuradamente.


Se respira cansancio en el ambiente, alumnos hambrientos se agolpan en las escaleras movedizas para bajar hacia el Gran Comedor y saciar ese apetito con las deliciosas alitas de pollo y puré de patatas que les esperan en las cuatro mesas.

Un grupo de alumnos de cuarto juguetea con la mochila de un chico de segundo de Gryffindor, que está más adelante, desabrochándole con magia los hilos que aguantan las asas.

Erik pasa junto a ellos corriendo.

- ¡Quince puntos menos para Slytherin, Feller! - le grita.



Cloe se acerca al lago con sosiego para observar más de cerca como el calamar gigante juega con las hojas caídas a causa de los fuertes vientos. Mira hacia el cielo, y se asombra al ver el cielo tan sumamente ennegrecido, aunque algunos rayos de sol se atreven a pasar entre las nubes furiosas cargadas de agua.
El calamar gruñe colérico pero contento intentando hundir las hojas con fortísimos golpes con sus tentáculos; Cloe se sienta junto al limonero y lo observa con curiosidad mientras sonríe.



Cuando llegan a las cocinas, ambos con la respiración entrecortada, Nelly cosquillea la pera del gran cuadro y, de pronto, éste se abre haciendo chirriar las oxidadas bisagras.

- ¡Ah!, señorita Nelly. ¿Qué tal está? ¿Acaso quiero un pequeño aperitivo antes de comer? ¿Es que no le gustan las alitas de pollo que he hecho? ¿No le gusta el zumo de calabaza especial de hoy? ¿Quiere más puré de patatas? ¿Quiere que le hagamos uno de puerros?
- No, no, no, Zenny. Gracias. Os queríamos preguntar..., ¿habéis visto a Cloe? ¿Ha estado aquí?
- ¡Pues claro! ¿A que sí, chicos? Vino a llevarse un trozo de pastel de manzana que horneamos esta mañana. - dice sonriente.
- ¿Pero hace cuánto? - pregunta Erik con urgencia.
- Pues... hará una media hora o así.
- ¿Y os ha dicho a dónde iba? - pregunta Nelly esta vez.
- No. Simplemente nos ha felicitado por nuestro trabajo y que luego volvería a por más. Mire, aquí le hemos dejado su tarta. Se la he hecho yo. - habla orgulloso de sí mismo. - ¿Quieren llevarse un trozo también? - y comienza a preparar una bolsa.
- No, no, tranquilo. Gracias, Zenny. Adiós, ¡y gracias!






Ambos salen del cuadro, enigmáticos.

- ¿Dónde habrá podido irse con un trozo de tarta? - se cuestiona Nelly. Erik le mira esperando una respuesta.
- Pues a cualquier sitio, ¡Nelly! - dice desesperado, al fin.
- Venga, piensa lugares. Terrenos, pero no estaba allí... ¡Ya sé! ¡La Sala de los Menesteres! ¡Vamos!

Y los dos salen pitando de allí hacia el último piso de Hogwarts.


La gente los mira al pasar, veloces, jadeando, con las túnicas mal puestas, con las miradas fijas al frente, sus pasos resuenan por el enorme castillo.

Se topan con el gentío de alumnos que salen de sus clases y se agrupan en las escaleras movedizas. Intentan apartarlos con rapidez e impaciencia abriéndose paso entre ellos para alcanzar la siguiente escalera que los llevará hacia el tercer piso.

Que esté allí, que esté allí, piensan a la vez Nelly y Erik.

Adam se cruza con ellos de nuevo pero no le da tiempo a saludarles porque van tan deprisa que no se percatan de la inmensa actividad de gente que les rodea. Sólo tienen un objetivo fijo. La Sala de los Menesteres.

Al cabo de unos minutos, entre dolores y jadeos fuertes, llegan al séptimo piso. Se detienen para coger un poco de aire. Se miran, y comienzan a buscar la puerta aprisa y por separado, pensando en la sala, en Cloe, en ella leyendo tranquilamente algún libro en un cómodo sofá, ajena a la búsqueda exhaustiva de sus amigos.

De repente, una enorme puerta se muestra ante Erik.

- ¡NELLY!

La puerta termina de aparecerse con claridad. Nelly llega al segundo, mirando a la entrada boquieabierta. Mira a Erik, él a ella, tragan con fuerza y deciden abrirla juntos.

La abren.

Todo está oscuro.

No hay nadie.

- ¡Mierda! ¡Vamos para abajo! ¡YA!


Nelly conmovida y paralizada por no haberla encontrado allí, reacciona como puede y sale corriendo a la estela de Erik que casi está en el quinto piso.

Vuelven a encontrarse millones de personas. ¿Por qué hay tanta gente hoy?


Annie. Ahí está Annie.

- ¡Annie! ¡Annie! - grita Erik desde las escaleras del tercer piso hacia ella que está en la primera planta. Annie busca asustada quién la llama con tan conmocionada voz. Localiza a Erik. Éste baja los escalones de cuatro en cuatro.
- ¿¡Qué pasa!?
- ¿Has visto a Cloe? Dime que sí, por favor. - suplica casi llorando.
- Eh... sí, sí... la he visto hace un rato en los Terrenos, estaba junto al lago. ¿Por? ¿Qué ocurre?
- ¡Ei! A ti te estaba buscando. ¿Dónde cojones te has metido, macho? - Thomas se une a ellos y da un respingón cuando ve a Nelly dar un salto en el lugar donde están ellos.
- En los Terrenos, ¿dices? - le pregunta Nelly. - No estaba allí cuando hemos mirado. - pronuncia como puede.
- Respira, mujer. - se preocupa Thomas.
- Estará paseando... - supone Annie, y Nelly y Erik se miran de nuevo, y corren veloces hacia los Terrenos. Thomas y Annie no saben porqué, pero ellos les siguen también.



La hierba encharcada casi hace resbalar a Erik, que se detiene en seco, en la gran entrada del castillo que da a los grandísimos Terrenos.


Nelly mira hacia todas partes. El lago. Hay un grupo de gente, algunos sorprendidos, se dirigen hacia allí. Murmullan entre ellos, extrañados. Una chica grita.



Nelly no se lo piensa dos veces. Y corre hacia allí. No. No, no, no. ¿Cómo has sido tan tonta de meterte en el lago?

Está temblando. El corazón le late a mil por hora. Le va a salir por la boca. Erik la imita y sale corriendo tras ella. Thomas y Annie se quedan estupefactos por todo aquello, por la desesperación que acompaña a esos dos y no logran comprender, pero aún así no se quedan atrás.

Nelly galopa, casi vuela de lo rápido que va. En cierto segundo, casi se resbala y se da de bruces.

- ¡Nelly! - grita Erik y Thomas.

Se incorpora, pero ella no escucha, tiene los oídos taponados. No oye nada salvo su cabeza, bulliciosa de ira. Se ha ahogado la muy idiota. Qué idiota eres, Cloe. Necia, burra, imbécil, incauta, inútil, gilipollas. Grita, lo grita todo en su interior. Toda la rabia de los últimos días sin hablarse, esas ansias que le agotan día a día, ese desespero por solucionar las cosas de una maldita vez.

- ¡Cloe! - bocifera ella.

La gente la ve venir, asustados, sin saber qué hacer, sorprendidos ante aquella velocidad feroz. Algunos la rodean, inmovilizados por el terror.

Erik está a punto de desmayarse, necesita respirar y oxigenar esa mente corrupta llena de pensamientos difusos ya, no sabe porqué corre detrás de Nelly, pero le asusta, le asusta muchísimo. Quiere correr más, pero los músculos funcionan al máximo, quiere alcanzarla.


- ¡Apartaos! - les gruñe Nelly a sólo unos metros de ellos. Ellos, sin pensarlo, obedecen y dejan paso al horror.

Nelly comienza a parar.

Jadea.

Un cuerpo tendido.

Jadea.

Sangre.

Nelly abre los ojos como nunca.

Se acerca aprisa.

Grita.

- ¿QUÉ PASA? - grita a lo lejos Erik.

Sangre, muchísima sangre.

Una gafas tiradas sobre la hierba.

- No... - comienza a susurrar. - No, no, no, NO, NO, ¡¡NOOOOO!! - GRITA Nelly.

Erik y los demás por fin la alcanzan.

Erik visualiza la escena.

Se queda petrificado.

Los ojos se le salen de las órbitas.

El corazón se le para.

Su cerebro muere.

Thomas vomita de repente.

Annie casi se desmaya.

Nelly cae de rodillas, con lágrimas en los ojos enrojecidos y las manos sobre la cabeza, sin dejar de mirar ese cuerpo. Y sin dejar de gritar su nombre.

Cloe sonríe tendida, con los ojos bien abiertos, en la hierba y cubierta toda de sangre.

viernes 20 de febrero de 2009

aliento negro








La lluvia empaña de vaho las grandes cristaleras de la biblioteca. El silencio reina en la inmensidad de la sala, que sólo unos leves susurros rompen su tranquilidad. A lo lejos, entre estanterías y pasillos estrechos, una luz ténue alumbra a una chica de gafas y un chico con el cabello oscuro, los dos están absortos entre unas altas montañas de libros que los rodean a ambos lados de la mesa.

- Me intriga la manera cómo se ha infiltrado en la escuela... - murmura Cloe mientras pasa las páginas de un grueso libro.
- Eso mismo pienso yo. Como decía antes, alguien le debe conocer, no se puede esconder de todos y sólo atacar en determinados momentos. Hace vida aquí, y puede estar a nuestro lado y que nos pase desapercibido. - le dice Lukas.
- Mira, "Los vampiros generalmente aparentan lo que fueron durante su vida antes
de morir" - lee ella. - Entonces... murió a nuestra edad. Pero, que sepamos, nunca se incorporan alumnos nuevos a Hogwarts habiendo comenzado el curso. Quiero decir
- Que no es usual que un alumno se inscriba en la escuela a medio curso de magia. ¡Oh! Podría ser... - Lukas mira más allá. - Un alumno de intercambio.

Cloe reflexiona y le encuentra sentido. Sería suficiente con revisar la lista de alumnos de intercambio y extranjeros e interrogarles. Aunque...

- Aunque, qué nos asegura que no puede ser alguien de otra edad, habría que revisar las listas de todos los cursos.
- Te equivocas, Hogwarts sólo admite intercambios de alumnos de sexto o séptimo curso.
- Eso facilitaría aún más la búsqueda y aclararía nuestras teorías. Pero, ¿cómo lo haríamos? No somos prefectos, no tenemos acceso a esa información. - suspira Cloe con pesadez.
- ¿Tienes algún amigo prefecto? - le pregunta Lukas.

Erik, su nombre le viene a la cabeza al instante, y una sensación amarga de culpabilidad le recorre desde la garganta hasta el estómago, ardiendo con fuerza.

- Sí..., aunque no creo que aceptase... - titubea ella, algo avergonzada. - Tal vez deberíamos hablarle a Dumbledore de nuestras investigaciones, de lo que llevamos hecho, seguro que le es de gra
- Quiero cazarle yo. - Lukas le corta con voz de ultratumba. Cloe le mira de reojo y su corazón empieza a latir con furia, una leve pizca de miedo se asoma en su mirada.



Apoya la cabeza, sentado, en uno de los arcos del claustro y observa como cae la leve llovizna. Ha estado llorando, se le nota en los ojos. La mirada apagada muestra cansancio, fatiga, tristeza y vacío; Thomas intenta animarlo cuanto puede, pero se ha rendido ante tal parsimonia. No sabe si es el fin, pero no encuentra la manera de recuperar ese tiempo y espacio perdidos entre él y ella, que en cuanto lo piensa, deja de encontrarle sentido a todo esto. No sabe porqué se dejaron de hablar ni de porqué se creó esa tensión incómoda que le mata a cada segundo que pasa.

- Erik. - acerca su mano a su hombro con suavidad. Él gira la cabeza y se encuentra ante un espejo.
- Nelly... - casi susurra preocupado.
- ¿Sabes dónde está Cloe?
- Eh... supongo, supongo que en la biblioteca. Con Lukas. - y hace esa pausa cargada de rabia y celos. - Los vi anteayer allí. ¿Por?
- Vamos, quiero verla. - dice con determinación y mirando al frente, sin apenas mirarle a él. También ha estado llorando.

Ambos se adentran en la búsqueda de esa pieza que están echando en falta durante tantos y demasiados días, quieren recuperar el extraño vacío que sienten en sus estómagos al darse cuenta de cómo les afecta su ausencia. Ambos están estupefactos y aturdidos ante el efecto que ha causado ella sobre ellos. Quieren su proximidad, quieren su sonrisa, quieren su estabilidad, la quieren a ella.


- Voy a dar un paseo. Tanto tiempo leyendo me está empezando a marear. - Cloe le sonríe con inseguridad a Lukas, tras ese momento de inquietud y miedo entre ellos. Cloe conoce las intenciones de Lukas, pero ese ápice de locura que muestra cuando habla del vampiro, le asusta cada vez más, y hace que se arrepienta de haberle prestado su ayuda en esta locura trepidante, que ni siquiera ellos saben si tendrá un final claro.
- De acuerdo... - musita Lukas leyendo con especial atención una frase interesante: "Si el vampiro no se alimenta, éste se vuelve loco. Sus instintos más profundos y salvajes se muestran y aparece el estado conocido como frenesí."

Cloe se levanta e intenta dejar atrás esa mente bulliciosa que borbotea ira, impotencia y, sobre todo, ansias de venganza. Ahora sólo le apetece pasear un rato por los terrenos y olvidarse de los vampiros durante unos instantes.

Cuando sale, sonríe y saluda con la cabeza a Adam, que vuelve a entrar en la biblioteca para probar de nuevo hablar con Lukas. Se le ve ansioso.



Al cabo de unos minutos, Nelly y Erik llegan exhaustos a la biblioteca. Han subido corriendo; entran en silencio y respirando bocanadas de aire. Miran hacia todos lados, buscando, escaneando caras, algunos alumnos alzan la mirada de sus deberes y los observan con curiosidad.

Estanterías, mesas, sillas, libros, mochilas, pergaminos, plumas, tinteros, uniformes, cabellos oscuros, murmullos, silencio, mucho silencio, aromas variados, una tos.

- Busquemos más adentro. - ordena Nelly.



Cloe baja la gran escalera con tranquilidad. Parece que la lluvia ha amainado. Mejor, así podrá pasear. Algunos alumnos entran en el Gran Comedor para tomar el almuerzo, se saca de la túnica un trozo de tarta, de la que le dieron los elfos. El aroma a manzana calma sus nervios.


Al fin, Erik localiza a Lukas. Se pone enfrente de él, y al segundo, Nelly llega. Dos contra uno. Le miran inquisitivamente, pero aparentemente calmados.
Lukas alza la mirada, con lentitud, hasta encontrarse con sus rostros. Les reconoce, sonríe levemente.

- Nelly. Eh... - mirando a Erik.
- Erik Aldwyn. - responde con aspereza.
- ¿Qué ocurre? - pregunta frunciendo el ceño.
- ¿Dónde está Cloe? - pregunta Nelly casi urgencia.
- Hace un rato que salió, se ha ido a tomar el aire. ¿Pasa algo?

Erik y Nelly se miran a la vez, abatidos.




Cloe camina ante el solitario paisaje de los terrenos, se descalza para sentir el césped mojado bajo sus pies, y dejarse llevar por esa dulce sensación. Aspira con fuerza el olor agradable de la tierra, el barro, los restos de lluvia, el agua del lago. Se acerca a éste con sosiego para observar más de cerca como el calamar gigante juega con las hojas caídas a causa de los fuertes vientos. Sonríe.

- ¡Buh!

Cree reconocer la voz. Sonríe abiertamente, la ilusión ilumina su cara.

- ¡Nelly! Qué susto me has dad

Se gira rápidamente sin acabar la frase.

- ¿Quién es Nelly? - exhala entre un vaho corrupto.